Ya habíamos hablado antes del nombre de este blog.
Dos cosas. La primera es que me dí cuenta que la palabra “chica” no es muy común en mi vocabulario. Poquísimas veces, tanto como para no recordar ninguna, me he referido a alguien como “chica”. Contrario a la palabra “chava” o “chavo”, que son más de mí.
Se me hacía extraño cuando leía “La chica del dragón tatuado”, yo le hubiera puesto algo así como “La mujer del tatuaje de dragón”, porque aunque Lisbeth Salander está chava, “La chava del tatuaje de dragón” no suena tan… digamos, serio.
He descubierto que puedo ser la persona más seria, pero no es parte de mi jocosa personalidad serlo (quería usar la jocosa palabra jocosa). Pero serio y jocoso son una contradicción, la misma RAE lo sustenta. Y es algo así como lo que aprendí hoy en mi clase: no se puede ser un círculo cuadrado.
El punto es que hoy se me dio la gana cambiarle el nombre al blog, y a partir de hoy seré “La chava del cumpleaños”. Que está de fiesta todos los días.
Pero bueno, esa era la primera cosa.
La segunda es que volví a leer el cuento de Murakami. El de “La chica del cumpleaños”. Y esta vez le encontré otro sentido.
Citándome antes había escrito:
Mi vida sigue su curso normal, nada cambia
¿En qué estaba pensando? ¡Por supuesto que todo cambia!
Siempre me quejo de que no tengo tiempo para hacer lo que quiero. La realidad es que pareciera que buscara ocuparme de todo menos de lo que de verdad quiero hacer. Ya pues ya me di cuenta, ya ya.
Esta es mi vida ahora.
Una persona, desee lo que desee, llegue hasta donde
llegue, jamás puede dejar de ser ella misma.
Es lo que dice la chica del cumpleaños. No importa lo que quieras, siempre estás cambiando, y decidiendo en función de un fin. Lo demás ya es pasado.
La chica del cumpleaños estaba casada, tenía dos hijos y un Audi. Fue lo que ella se hizo para sí, al menos hasta ese momento.
Tal vez solo sea el mood Sartriano en el que ando, pero tiene sentido.




